
Desde hace siglos en el seno de la Iglesia católica se viene debatiendo sobre los comportamientos que son bien o mal vistos dentro del matrimonio. Hasta donde yo conozco la Iglesia condena todo tipo de unión sexual que no tenga por fin la procreación o que de algún modo impida que el semen “llegue a su sitio natural” para fecundar a la mujer.
En esta línea obviamente prohíbe el uso de anticonceptivos como el preservativo, asumiendo los daños colaterales que esto puede llegar a provocar a nivel de salud sexual. En ocasiones se ha debatido y se debate qué prácticas podrían ser consentidas para que dentro del matrimonio hetero la pareja pueda disfrutar de las relaciones sexuales sin arriesgarse a un embarazo no deseado.
Así existe por ejemplo el coitus interruptus, conocido popularmente como la marcha atrás. Sin embargo dada la definición del primer párrafo, esta práctica no es bien vista por la Iglesia ya que en el momento de la eyaculación el hombre retira el pene de la vagina para evitar que el semen pueda llegar a fecundar el óvulo de la mujer.
Jugando un poco con los límites de la legalidad eclesiástica también nos encontramos con el amplexus reservatus o abrazo reservado. Así de primeras suena un poco ambiguo pero la idea es simple, consiste en practicar el coito pero con ciertas reservas: la pareja realiza el coito pero el hombre no llega a eyacular, es decir, no alcanza el orgasmo.
Así de primeras suena bastante frustrante para el hombre, pero permite mantener relaciones sexuales con penetración vaginal más o menos dentro de las normas católicas. De hecho tanto el coitus interruptus como el amplexus reservatus se han empleado durante siglos como método anticonceptivo o dicho de otra manera, como método de control de la natalidad.
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