Si bien no existen estadísticas acerca del uso de los cinturones de castidad hoy en día, está claro que si se siguen fabricando es porque se venden y se usan. Y al parecer la mayoría de ellos están destinados a hombres… sí, aunque desde el punto de vista histórico se asocie como un artilugio para evitar la infidelidad femenina o para evitar violaciones, lo cierto es que hoy en días son más los hombres los que deciden probar.
Ya sea por fetichismo, por llevar a cabo una fantasía sexual o como accesorio para una sesión de dominación, los cinturones de castidad siguen y seguirán en vigor. Obviamente cuando hablo de sesiones de dominación me refiero a relaciones consentidas, donde la persona que porta el cinturón de castidad lo hace porque quiere y para tomar parte del juego.
Dentro del BDSM supone un accesorio más, e implica sumisión, ya que estamos cediendo a otra persona el control sobre si podemos o no masturbarnos y mantener relaciones sexuales, es de hecho una práctica frecuente cuando la mujer es la dominante y desea limitar los placeres de su sumiso.


