
La primera vez que una persona hace el amor sin duda es un momento especial, en muchas culturas la virginidad, sobre todo la femenina, goza de una gran importancia. Las religiones como la católica, la judía o la musulmana siempre la han valorado mucho de cara al matrimonio, así como en la cultura gitana por ejemplo, el comprobar si la novia es virgen llega a ser uno de los protocolos el día de la boda.
Sin embargo todas estas ideas hoy en día resultan bastante anacrónicas, están totalmente fuera de lugar, aunque en muchos países prevalecen por falta de educación sexual y de cultura general. Hoy en día se debe saber que una mujer no tiene por qué sangrar ni sentir dolor la primera vez que hace el amor, también una mujer puede nacer sin himen o puede que este se rompa antes de su primera penetración al darse un golpe, al realizar ejercicio físico, al masturbarse, etc. Por tanto el himen en el caso de la mujer no es un indicativo de si ésta es virgen o no.
La virginidad femenina más allá de la importancia que le de cada una, en general es una actitud un tanto machista de la sociedad, ya que es una manera de presionar a la mujer en un acto que en el caso del hombre es todo lo contrario, cuanto antes mejor, como si se tratara de una competición o un acto que da entrada a la edad adulta.


