
Quien no haya comido peta-zetas cuando era niño es que ha tenido una infancia muy estricta, porque sin duda era una de las golosinas estrellas cuando iba a comprar golosinas al kiosko. El tiempo pasa, y nos hacemos más viejos, pero hay cosas que no cambian, lo que hace que más de uno decida probar el sexo oral con peta zetas.
Puede que haya quien no los conozca por este nombre, o que los recuerde vagamente. Me refiero a esas bolsitas de papel que traían unos polvitos que en contacto con la humedad de la boca daban lugar al sonido de pequeñas explosiones, como si hubiera una mini mascletà en la boca.
El caso es que esta, como muchas otras golosinas, viene cargadísima de azúcar, con lo cual al meter el pene en la boca llena de petazetas realmente no vamos a sentir ningún hormigueo, simplemente se nos quedarán pegados todos los cristalitos de azúcar, lo mismo ocurre si vamos a dar sexo oral a una chica.